18/12/10

A la sombra te sientas de las desnudas rocas

A la sombra te sientas de las desnudas rocas,
y en el rincón te ocultas donde zumba el insecto,
y allí donde las aguas estancadas dormitan
y no hay hermanos seres que interrumpan tus sueños,
¡quién supiera en qué piensas, amor de mis amores,
cuando con leve paso y contenido aliento,
temblando a que percibas mi agitación extrema,
allín donde te escondes, ansiosa te sorprendo!

-¡Curiosidad maldita, frío aguijón que hieres
las femeninas almas, los varoniles pechos!:
tu fuerza impele al hombre a que busque la hondura
del desencanto amargo y a que remueva el cieno
donde se forman siempre los miasmas infectos.

-¿Qué has dicho de amargura y cieno y desencanto?
¡Ah!, no pronuncies frases, mi bien, que no comprendo;
dime sólo en qué piensas cuando de mi te apartas
y huyendo de los hombres vas buscando el silencio.

-Pienso en cosas tan tristes a veces y tan negras,
y en otras tan extrañas y tan hermosas pienso,
que... no lo sabrás nunca, porque lo que se ignora
no nos daña si es malo, ni perturba si es bueno.
Yo te lo digo, niña, a quien de veras amo;
encierra el alma humana tan profundos misterios,
que cuando a nuestros ojos un velo los oculta,
es temeraria empresa descorrer ese velo;
no pienses, pues, bien mío, no pienses en qué pienso.

-Pensaré noche y día, pues sin saberlo, muero.

Y cuenta que lo supo, y que la mató entonces
la pena de saberlo.

Sem comentários:

Enviar um comentário